Hoy he querido publicar una carta (con permiso del autor, por supuesto), la cual es una especie de confesión hecha por un esposo a su compañera durante el proceso de terapia que hemos venido siguiendo:

agfr7 esposo Susana Wise

Querida esposa: Te escribo estas líneas para decirte que estoy de acuerdo con nuestra terapeuta en el sentido de que debemos discutir sobre nuestra relación conyugal y que hay actitudes que debemos superar para transformarlas. Nuestra relación no es una relación casual fue el fruto de una decisión de dos adultos, tomada con el pleno conocimiento de sus facultades mentales para discernir, pero aunque nos conocemos desde hace tiempo, parece que esto era sólo físicamente, ya que en el convivir cotidiano de la unión matrimonial es que uno se va adaptando a su pareja y descubriendo que somos dos seres más que parecidos, diferentes el uno del otro, pero me he dado cuenta que al  pasar del tiempo hay que aprender a conjugarse el uno con el otro, compartiendo ideas, pensamientos y normas de conducta, aunque respetando cada uno su propia individualidad. Eres un ser humano valioso, tienes muchas virtudes, yo diría que son más que los defectos.

No obstante a esto, siempre hay conductas que cambiar, enmendar, arreglar o asumir en una relación de parejas; esto así porque ya no vive uno para sí mismo, sino también para el otro u otra y que en ese afán del diario vivir, puede uno  o una olvidar este detalle sencillo, pero a la vez tan importante. Debe uno aprender a comprender y no tanto buscar ser comprendido; y a la vez que comprendemos nos descubrimos a nosotros mismos tal y cual somos, esto lo estoy descubriendo en mi relación de pareja y más que escribir una lista de cómo me gustaría que fueses o qué cosas deberías cambiar, siento vergüenza conmigo mismo, ya que deseo más verme a mí mismo y saber qué debo yo cambiar, porque como ser humano busco lo mismo que todos: paz, amor, comprensión, intimidad, afecto, privacidad, armonía, convivencia, trabajo, una familia con quien compartir.

Pero te soy honesto, la corriente negativa del mundo, el trabajo diario, el afán de cada día, la injusticia, la violencia, el odio, el rencor, la envidia, los celos, en resumidas cuentas, el pecado que trata de imperar, parece ser también parte de la globalización y que con o sin premeditación, como nube gigantesca se aproxima a todos, causando en su precipitación una gran corriente negativa con la cual también debemos aprender a convivir, ya que quiéralo uno o no, es parte de nuestro diario vivir.

Cada ser humano que tratamos día a día tiene algo de lo uno o tiene algo de lo otro, por eso te digo, aunque tenga que vivir librando la buena batalla en contra de esa corriente negativa, yo aspiro a lo que en su interior o su subconsciente todo ser humano aspira: a vivir en paz, con amor, con justicia, igualdad, privacidad, comprensión, afecto, cariño, respeto, equidad; a encontrar en mi pareja, aunque los tiempos sean difíciles o buenos, aunque yo llegue agotado, mudo o ciego, palabras de aliento, consuelo y caricias que empalaguen mi paladar. A eso yo aspiro.