Al enamorarnos, entramos a un estado alterado de consciencia, en donde nos convertimos en adoradores de la imagen que creamos de un ser tan común como cualquier mortal, sin embargo, ante nuestro nivel de consciencia, es mucho más que eso, es quien ha despertado en nosotros el deseo de vivir, de reír, de disfrutar. Es quien nos levanta el ánimo, dándonos una nueva razón para renovarnos.

enamoramiento - susana wise

¿Y por cuánto tiempo estaremos en este mundo maravilloso? ¿Y si pudiéramos permanecer ahí por el resto de nuestras vidas?

Por suerte o por desgracia, esto no es posible. El universo conspira a nuestro favor, a favor de la especie humana.

Si fuera eterno, careceríamos de todo lo demás y por tanto, la vida se esfumara, pues no habría espacio para nada más, no habría espacio para la creatividad, el trabajo con propósitos, las metas a largo plazo e ideales más allá de ese estado.

En este estado idílico, en donde los amantes quedan atrapados en su mundo, no queda espacio para ver más allá de sus gafas oscuras.

Es tal la conexión, que tienden a sentir lo que el otro siente, empecinados en resolver el más mínimo inconveniente que pueda sucederle al ser amado, así transcurren esos primeros tiempos, en un estado simbiótico en donde solo existen dos.

Es aquí donde pasamos por alto las diferencias, a la vez que magnificamos las semejanzas, obviando señales que pueden servir de parámetro para medir lo que vendrá en el futuro.

Desde la biología tiene su explicación, pues el enamoramiento hace que el cuerpo empiece a segregar hormonas que activan las zonas del cerebro responsables de la gratificación y desactivan las zonas responsables de la toma lógica de decisiones. Si no contáramos con este salva vidas, sería muy difícil tomar la decisión de mantenernos unidos a una pareja y procrear hijos. ¡Qué naturaleza tan sabia!