En mi recorrido por los diferentes caminos, estoy actualmente disfrutando uno de los más significativos y deliciosos trayectos, el de la meditación.

el hombre mas feliz de la tierra - susana wise

He practicado meditaciones de varios tipos, todas buenas, todas efectivas, hoy quiero traerles la conexión de la misma con la felicidad.

 

Según cita José María Doria en su libro “Meditación Transpersonal”, en investigaciones sobre la felicidad, existe un estudio de los científicos de la Universidad de Wisconsin que llevaron años estudiando el cerebro de Matthieu Ricard, biólogo y actual asesor del Dalai Lama, y cuyos resultados fueron comparados con los obtenidos con cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban del 0,3 (muy infeliz) a -0,3 (muy feliz).

 

Matthieu Ricard para asombro de todos, logró -0,45 desbordando así los límites previstos en el estudio y superando todos los registros realizados con anterioridad. Este estudio le valió el título de “El hombre más feliz de la Tierra” que él mismo no termina de aceptar, aunque sí resalta que efectivamente, la cantidad de emociones positivas que produce su cerebro está muy lejos de los parámetros normales.

 

Dichos estudios se basan en el descubrimiento de que la mente es un órgano en constante evolución, y por lo tanto moldeable y siempre cambiante. Un descubrimiento que bajo el nombre de “neuroplasticidad cerebral”, otorga al ser humano la ilimitada capacidad de crear nuevas neuronas y optimizar su estructura cerebral literalmente, hasta el último momento de su vida. Desde esta perspectiva, la meditación transpersonal es considerada como uno de los ejercicios más saludables para ser practicados de por vida.

 

Según el mismo autor, la meditación es el camino hacia un estado de conciencia transpersonal que no puede conseguirse en el “nivel persona” con sus esfuerzos, méritos y adquisiciones. En realidad, si consideramos la felicidad como un estado de conciencia que trasciende la dualidad de la mente y la ilusoria y contundente sensación de separación que padecemos desde el ego, el hecho de practicar meditación supondrá un camino hacia ella. Y en muchos casos seremos testigos gozosos de la estabilizada plenitud que conlleva.

 

Desde la Psicología transpersonal, la felicidad no es algo que se “consigue”, ni tan siquiera se parece a la exaltación que sentimos cuando llegan buenas noticias o experimentamos sentimientos de lo que comúnmente llamamos amor, admiración, satisfacción, gozo e incluso ternura.

 

La felicidad está más cerca del “amor que somos” que todo aquello que podamos alcanzar por más méritos y empeño que pongamos.

 

Y me encanta cómo Doria finaliza… “La felicidad, pues, es un estado transpersonal que un día, de pronto y de forma inesperada, aflora y nos encuentra”.