Cuando se tiene una historia de abusos en la niñez, que abarca toda la familia, dicha historia con  la tensión emocional que representa, deja profundas marcas en la psiquis de la persona.

Se sufre, por lo regular, de depresión, una depresión que obliga a ir en busca de personas abusivas, imprevisibles, irresponsables o insensibles. Siempre atraídos por personas con los cuales la relación se torna difícil, llena de peleas violentas, salidas dramáticas y reconciliaciones, así como períodos de espera con tensión y miedo; mucho drama, mucho caos, mucha excitación o estimulación.

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Aunque suene duro, es el tipo de relaciones que necesitan ciertas personas para poder sentirse atraídas por la pareja, relaciones que dada su constitución no permiten que llegue la depresión. Es muy parecido al efecto que produce la cocaína u otro estimulante poderoso, a corto plazo proporcionan una estupenda vía de escape, una gran distracción, pero, ¿y a largo plazo? Una exposición demasiado prolongada a una excitación fuerte agota la capacidad de respuesta del cuerpo, y el resultado es una depresión más profunda que la anterior, esta vez con una base tanto física como emocional.

Muchas personas, debido a sus historias emocionales de haber vivido episodios constantes y fuertes de tensión en la niñez (a veces se hereda una vulnerabilidad bioquímica a la depresión por parte de un progenitor adicto), son básicamente depresivos, incluso antes de iniciar sus relaciones amorosas en la adolescencia y la adultez. Es posible que estos adultos busquen el poderoso estímulo de una relación difícil y dramática a fin de obligar a sus glándulas a liberar adrenalina. Es por eso que, cuando se elimina el fuerte estímulo que constituye el comprometerse en una relación dañina, ya sea porque se termina o porque la pareja empieza a recuperarse y a relacionarse con esta en forma más sana, se cae en una gran depresión, por lo que no puede permanecer sin compañía, es decir, se va a la caza de otro que le proporcione la excitación que necesita para seguir sobreviviendo. Si la pareja que encuentra es sana no le atrae, lo que necesita no lo encuentra, y sigue en una efervescente búsqueda de alguien que sea más excitante, más estimulante, alguien que le permita evitar el enfrentamiento con sus propios sentimientos y problemas.

Es grande la similitud entre el uso de una droga y este tipo de relación. Para evitar sus propios sentimientos, la persona literalmente se “inyecta” con un compañero, utilizándole como su droga de escape.  Para que se produzca la recuperación, se debe obtener el apoyo para afirmarse y permitir que vengan los sentimientos doloroso. Cuando se interrumpe la adicción de golpe, sucede lo mismo que a un adicto a la heroína, por ejemplo, cuando interrumpe el consumo de golpe y en forma total. El miedo, la inquietud y el dolor son enormes, y la tentación de recurrir a otro compañero, a otra inyección, es igualmente grande.