Mucho se ha escuchado acerca del poder que encierran las palabras. Y es algo que no se pone en duda, ya que es cierto que una simple palabra puede tener el poder de elevarnos hasta el punto más alto del cielo, así como de derrotarnos y empujarnos a un abismo.

el poder de la palabra

 

Sin darnos cuenta, una expresión puede guardar el poder de ayudarnos a alcanzar nuestras metas, pero también de desanimarnos y hacernos creer inútiles para lograrlo.

Sin embargo, al reflexionar sobre esto… Es importante observar que para que ese “enorme poder” de las palabras funcione, son necesarios unos oídos dispuestos a escucharlas, y un corazón abierto listo para ser tocado. Entonces… ¿Son realmente poderosas las palabras? ¿O el poder descansa en nosotros?

Es decir, si al momento que una persona pretende desanimarnos y maltratarnos con palabras, decidimos que esas expresiones no llegarán a nuestro corazón ni afectarán nuestra perspectiva de la vida, si nos hacemos “los sordos” y no escuchamos o si simplemente le restamos poder no permitiendo que influyan en nuestros pasos, entonces… ¿De qué poder hablamos?… Porque justo en ese momento le estaremos quitando ese poderío y convirtiéndonos en dueños de nuestras emociones y sentimientos.

Debemos entender que somos nosotros quienes dotamos a las palabras de valor, somos nosotros quienes decidimos si realmente debemos prestarle atención o no, o si realmente influirán en quienes somos. Claro está, hay un aspecto importante y es que muchas veces creemos en que “las palabras se toman de quienes las dicen”, por lo que si alguien a quien amamos o admiramos es quien emite aquellas palabras que nos lastiman, es lógico que nos arrope la debilidad y cierto dolor. Al final de todo, somos seres humanos. Sin embargo, así como estuvimos dispuestos a escuchar esas palabras y dejar que incidan en nuestras vidas, también debemos luego cambiar esa disposición y ponernos de pie, llenos de fuerza y orgullo para continuar.

Seamos selectivos al escuchar, tomemos el poder de decidir en nuestras vidas. Cuando vayas camino a una meta o propósito y escuches a tu alrededor expresiones de desaliento, sé selectivo con lo que permites que te afecte. Si vas a dejar que las palabras te lastimen, entonces decide que luego de eso, ellas más bien te fortalecerán, te harán crecer y se convertirán en tu impulso para demostrar que “sí puedes”. Recuerda siempre, las palabras no tienen el poder de hacerte daño; eres tú quien permites que eso suceda. Atrévete a decidir lo que entra y lo que sale de tu corazón. No otorgues el ritmo de tu vida al exterior, cuando dentro de ti se encuentra todo y mucho más de lo que necesitas.

 

Por Licda. Doris Guzmán

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