Todos hemos experimentado la tristeza en alguna ocasión, incluso hay épocas en las que esta se hace más presente, ya sea por acontecimientos muy puntuales o sin razón aparente, y así es como vivimos esperando que suceda algo que nos quite esa tristeza.

el amor de Dios

Un curso de Milagros nos dice que el cambio que estamos buscando lo llevamos dentro. Las situaciones continúan pasando, los días corren, unos mejores que otros, y todo esto forma parte de la vida humana, de lo que tenemos que recorrer de acuerdo a nuestro propósito, de acuerdo a lo que nuestra alma vino a completar en esta vida. No tenemos control de lo que sucede en el día a día con los factores externos, con las personas que nos rodean, sin embargo, podemos trabajar en nuestra manera de percibir lo que sucede. Ahí es donde suceden los milagros, porque Cristo se manifiesta en nuestra vida cuando cambiamos la percepción de nosotros mismos, cuando miramos con nuevos ojos.

En la Biblia, Jesús dice que podemos construir nuestra casa sobre arena o sobre roca, si la edificamos sobre arena, los vientos y la lluvia pueden desmoronarla. Si la construimos sobre roca, esta será fuerte, indestructible ante las adversidades.

Nuestra casa es nuestra estabilidad emocional. Si la levantamos sobre arena, es porque la hemos construido en base a cosas pasajeras, dramas baratos y estados de ánimo fugases. Si la construimos sobre roca, significa que confiamos en Dios.

Confiar en Dios es confiar en el amor y ese amor está dentro de nosotros, y cuando eso sucede optamos por ver lo mejor de cada uno, lo mejor de cada experiencia, con un espíritu agradecido y gozoso a pesar de los pesares.

Cuando nos apartamos del amor, comienza el dolor. Cuando pensamos y actuamos de acuerdo a ese amor, a ese Dios que mora en nosotros, llega la paz, cuando, por el contrario, pensamos y actuamos sin tenerlo a él, llega el dolor, y esto sucede a cada instante de nuestros días.

Dios es amor y habita dentro de nosotros, no nos juzga, no es algo externo a nosotros, no está allá arriba, fuimos creados a su imagen, lo que significa que somos extensiones de Su amor, o Hijos de Dios.

El curso de milagros nos dice que tenemos un problema de Autoridad, porque creemos que somos los autores de Dios, y no nos damos cuenta que El es nuestro autor. En vez de aceptar que somos los seres de amor que El creó, hemos pensado con arrogancia que éramos capaces de crearnos a nosotros mismos y después crear a Dios. Nos hemos hecho un Dios a nuestra imagen. Como nos molestamos, juzgamos, gritamos, castigamos, hemos proyectado a El esas características. Pero, a diferencia de eso, Dios siempre será la energía, el pensamiento del amor incondicional, la misericordia, la compasión, la aceptación.

Al obviar todo esto, obviamos y olvidamos quienes somos nosotros mismos.

Entregarse a Dios significa entregarse al amor y esa entrega es pasiva, y por ello pensamos que es debilidad, pero espiritualmente hablando, la pasividad es fortaleza, es la manera de equilibrar la agresividad, que dicho sea de paso no es mala si se canaliza adecuadamente y nos ayuda a crear alternativas nuevas.

Algo importante, la mente que está separada de Dios se olvida de consultar con el amor antes de salir al mundo y luego culpamos a otros o reclamamos a Dios de lo que nos pasa.

Entregarse a Dios significa relajarse y amar, porque junto a El podemos usar nuestra mente y crear lo nuevo, lo que hace bien.

Cuando los milagros ocurren, es porque hemos dejado a un lado nuestra pautas mentales normales, regidas por el hábito, y las reemplazamos por un modo de percepción diferente, mucho más beneficioso para nuestro interior. Eso es lo que significa dejar que un poder mayor que nosotros dirija nuestra vida.

Son muy pocas las veces que las personas han experimentado un amor profundo y verdadero, y algunos quizás nunca lo hayan experimentado, y es que el mundo se ha convertido en un espacio muy falto de amor. Ni siquiera podemos imaginarnos un mundo en donde predomine el amor absoluto, donde nos amásemos los unos a los otros, en donde se acabarían las guerras, el hambre, la destrucción ambiental, donde tampoco cabría la violencia, ni los prejuicios, ni la opresión.

La mayoría de nosotros somos violentos, actuamos de manera violenta, física o emocionalmente hablando; pero por qué? Porque nos han educado sobre la base de la culpa, la injusticia, el miedo. Y donde el amor está ausente, se instala el miedo. El miedo es la raíz de todo mal.

Recuerden, solo el amor es real, solo el amor nos une.