Al analizar a fondo el chantaje emocional, lo que parece una forma de comportamiento se divide en cuatro variedades muy distintas una de otra.

rostros del chantaje - susana wise

  1. Los castigadores. Son los más evidentes, pues nos hacen saber exactamente qué quieren y las consecuencias que afrontaremos si no se lo damos. Pueden manifestarse con agresividad o arder en silencio, pero la ira que experimentan al frustrase siempre se dirige directamente a nosotros.
  2. Los autocastigadores. Dirigen las amenazas hacia dentro o recalcan lo que harán contra sí mismos si no se salen con la suya.
  3. Los sufrientes. Son hábiles responsabilizadores y culpabilizadores que con frecuencia nos obligan a deducir qué quieren y llegan a la conclusión de que de nosotros depende lograr que lo consigan.
  4. Los Atormentadores. Nos someten a una serie de pruebas y prometen algo maravilloso si les seguimos el juego.

El chantaje emocional anula la seguridad de la relación. Y cuando hablamos de seguridad, nos referimos a la buena disposición y la confianza, elementos que nos permiten abrirnos sin miedo a que nuestros pensamientos y sentimientos más íntimos no sean tratados con cuidado. Si estos elementos desaparecen, solo queda una relación superficial, carente de la franqueza emocional que nos permite ser como realmente somos en presencia de otra persona.

A medida que el nivel de seguridad de la relación disminuye, nos ponemos en guardia y cada vez ocultamos más cosas a los chantajistas. Dejamos de confiar en que se preocupen de nuestros sentimientos, de lo que es mejor para nosotros e incluso en que nos digan la verdad porque, cuando se proponen salirse con la suya, en el mejor de los casos son insensibles y, en el peor, implacables. La víctima es la intimidad.