Amarse a uno mismo es la primera responsabilidad que tenemos al llegar a este mundo. Nuestra misión tiene mucho que ver con eso que vinimos a hacer por nosotros y para nosotros. Cuando te sientes bien contigo mismo, cuando te complaces sin poner en riesgo el bienestar de otros, cuando cultivas no solo tu exterior, sino y sobre todo tu parte interior, todo lo demás vendrá por añadidura.

¿Cuántas veces recuerdas haber escuchado cuando niño o niña decir a un adulto significativo (madre, padre, maestro, abuelo, abuela, tío, tía, padrino, amigo) “te quiero mucho, lo has hecho muy bien, eres una bendición, eres lo mejor que me ha pasado en la vida, llegaste a alumbrar nuestras vidas, eres muy importante para mí, siempre te querré, eres muy inteligente, eres bondadoso, eres noble, yo siempre estaré aquí para ti”…