Es importante saber reconocer cuándo estamos frente a una persona deprimida o cuándo podemos decir que estamos deprimidos. Existen signos premonitores de la depresión, pero debemos tener mucho cuidado al momento de etiquetar, pues esta es una palabra del uso común de todo el mundo, por lo que no debemos confundirla con una simple tristeza.

Es necesario que dicha tristeza se halle acompañada  de otros elementos, como una disminución global de la velocidad en las actividades, una incapacidad para sentir placer o disgusto y una impresión de estar en un camino sin salida, en donde el futuro se vislumbra con un gran pesar y pesimismo.

Tampoco debemos confundirla con pena. Nuestro estado de ánimo, ante la pérdida de un ser querido, se ve afectado por este sentimiento, pero es diferente al que se experimenta cuando el humor es depresivo.

Existen otros individuos tranquilos y silenciosos, cuya vida gira en torno a responsabilidades y reveses, y que es parte de su “modus vivendi”, por lo que no debemos encasillarlos como depresivos. Así también tenemos los eternamente cansados, de forma casi constitucional, o los permanente ansiosos, que se desaniman con facilidad, pero que no han perdido ni iniciativas, ni interés, ni autoestima.

 

Este es un diagnóstico con una definición clara de síntomas como los siguientes:

  • La Apariencia. El rostro está fijo, no expresa ninguno de los sentimientos habituales (alegría, tristeza, miedo, cólera, disgusto, sorpresa). El cuerpo casi no se mueve, el gesto no acompaña a la palabra, su caminar es lento, excepto en caso de agitación ansiosa grave en que el individuo deambula sin cesar. Su voz es baja y monótona. Hay que estimular sus respuestas, que son breves, pues sus ideas son escasas, centradas sobre temas dolorosos.

 

  • La Tristeza. Es anormal por su intensidad y duración. El llanto no es sistemático. Vive gestando ideas negativas, sufre una anestesia afectiva. Esta ausencia de sensaciones que se experimentan frente a sucesos agradables o desagradables se acompaña de una pérdida de la búsqueda del placer o de una carencia de participación afectiva. El deprimido se siente incapaz de emprender una acción. A veces se acusa de ser indigno de vivir “yo no merezco vivir” y se culpabiliza. También puede creerse incurable “estoy perdido” “no hay nada que hacer”. Este dolor moral le conduce a ideas de muerte que llegan hasta los intentos de suicidio.

 

  • La Lentitud Psíquica. Se ve en la necesidad de hacer esfuerzos extras para obtener el rendimiento habitual o por lo menos un rendimiento aceptable, y de hecho se le hace difícil concentrarse, también la memoria se ve afectada. Los deprimidos se lamentan con frecuencia de pérdida de memoria, pero sus quejas son en general exageradas respecto a la realidad, pues les cuesta trabajo evaluar sus dificultades. Los vacíos de la memoria son a veces serios, pero serán transitorios. Conciernen a los acontecimientos inmediatos, recientes y pasados. Se siente bloqueado y no puede tomar iniciativas corrientes como, por ejemplo, citarse con alguien, participar en una reunión social, organizar un proyecto, llamar por teléfono. En el niño, la lentitud y el desinterés se manifiestan por un rechazo de los juegos y de las actividades con otros niños, así como por un mal rendimiento escolar (atención, comprensión deficientes), y puede llegar incluso a un rechazo escolar total. En el adolescente, la disminución de actividades intelectuales, culturales o deportivas así como la búsqueda de la soledad y la tendencia al aislamiento pueden ser signos de una depresión. En las personas de edad, algunos signos de depresión se pudieran confundir con la demencia.
  • La Fatiga. Esta aparece en el 80% de las depresiones. Es uno de los síntomas depresivos que motiva con más frecuencia una consulta con el médico de cabecera. El deprimido se siente inactivo, derrengado, con la cabeza vacía. Empezar la jornada le es muy difícil. Esta pérdida de vigor se manifiesta tanto en las actividades elementales de la vida diaria (hacer una maleta, fregar los platos), como en las actividades en las que normalmente se necesita más esfuerzo (trabajo, entretenimientos). Esta fatiga es física y mental. Por lo general, es más notable por la mañana, tiende a mejorar durante la jornada, contrariamente al cansancio producido por exceso de trabajo. El final de la tarde y la noche son los momentos menos penosos para los deprimidos, que se sienten menos disminuidos y recuperan un poco de su tono vital. El deprimido carece de energía para preocuparse de su aspecto físico e incluso de su aseo personal. Tiene que esforzarse en lavarse o peinarse: todo le cuesta trabajo. Su aspecto es descuidado, su vestimenta poco esmerada y sin coquetería. Le cuesta mucho arreglar su casa, ocuparse de su alimentación, llevar su contabilidad, etc. En el terreno profesional, esta fatiga es responsable de su inercia en la realización del trabajo y una pérdida total de dinamismo. En el terreno de las distracciones, se siente demasiado agotado para participar en actividades que lo distraigan: ya no practica la música, abandona el deporte, rechaza los juegos de sociedad y no se entrega a la lectura a falta de poder sostener su atención y retener lo que lee. Prefiere evitar los contactos y replegarse en sí mismo. El deprimido se reprocha su baja vitalidad y su incompetencia, pero se siente impotente para reaccionar porque está demasiado extenuado.

 

  • La Ansiedad. La ansiedad es el temor a un eventual peligro y se traduce en un malestar físico y psíquico que puede llegar hasta el pánico. El individuo deprimido puede presentar signos de angustia variables en función de la intensidad de la ansiedad. Esta también, al igual que la fatiga, es un motivo frecuente de consulta de los deprimidos a sus médicos de cabecera. La depresión no está necesariamente relacionada con la ansiedad y de hecho existen depresiones sin componente ansioso. En el caso de personas de edad, la depresión se acompaña a menudo de una nota ansiosa importante con agitación, preocupación corporal y obsesiones.

 

  • Las modificaciones del carácter. Este cambio lo observan los demás. Ya no se aprecia en él su carácter habitual, sino un mal carácter, contrastante con el humor habitual, o bien una exacerbación de un carácter difícil ya conocido. La irritabilidad, los arrebatos fáciles, la intolerancia ante los comentarios, la impulsividad, incluso la agresividad verbal o gestual y la violencia, se aprecian en ocasiones. El deprimido tiene sentimientos de infravaloración y de insatisfacción  respecto de sí mismo, lo que lo hace agresivo con más facilidad. Además, las drogas o medicamentos, así como el alcohol son refugios que acompañan en ciertos casos a la depresión, pese a que pueden ser también la causa. Esta huida es una manera de anestesiar transitoriamente el dolor moral que se vive.

 

  • Los trastornos del sueño. Estos se encuentran en el 60% de las personas deprimidas. Estos se quejan, sobre todo, de no poder dormir, un 15% de ellos señalan una tendencia a dormir demasiado por la noche y a tener excesiva somnolencia y adormecimiento fácil durante el día.