Hay personas por doquier incapaces de estar solas; incapaces de desprenderse de una relación, de un trabajo, de un amigo, de un mal hábito, de un lugar, de un objeto, en fin, de cualquier cosa, tanto o más que un niño que necesita chuparse el dedo, o un bobo, o un pañito viejo y destartalado, o un osito de peluche, pues esto les provee de cierto estado de seguridad, produciéndoles una tranquilidad momentánea para poder calmar la ansiedad que les produce la vida misma.

hsc34 solos Susana Wise

 

Esta relación que trato de hacer, comparando un adulto con un niño, indica que las personas apegadas son emocionalmente inmaduras y muy necesitadas de cuidado. Mientras el principio del placer y el principio de seguridad estén en juego, aunque sea en pequeñas dosis, la persona se apega a cualquier cosa, en cualquier lugar y de cualquier forma.

W. Riso nos habla de una serie de apegos como son el apego a la seguridad-protección, a la estabilidad-confiabilidad, a las manifestaciones de afecto, a las manifestaciones de admiración y al bienestar-placer de toda buena relación (sexo, mimos, tranquilidad y compañerismo).

La inseguridad que albergan ciertas personas son el producto de una serie de experiencias desde el momento de su concepción, y que van reforzándose a medida que interactúan y conviven con otros.

Es sumamente importante y trascendente la manera en que se manejan los padres con los hijos, pues unos padres sobreprotectores y con la creencia de que el mundo es peligroso y hostil, lejos de dotar al hijo de los recursos necesarios para enfrentar la vida, lo incapacitan y por tanto lo hacen vulnerable al daño y con un gran apego a la seguridad-protección.

En determinadas personas, la búsqueda de estabilidad está asociada a un profundo temor al abandono y a una hipersensibilidad al rechazo afectivo. La confiabilidad se convierte en una necesidad compulsiva tratando de subsanar el miedo que les produce el pensar en una posible carencia, no importando –en el caso del hombre- que la esposa sea mala amante, regular como mamá o poco tierna, pésima ama de casa, pero a todo esto, se interpone y pesa más el que sea confiable y que nunca lo abandonará.

En el caso de una mujer, el esposo puede ser frío, mujeriego, agresivo, mal padre, pero si es un hombre estable y predecible, no importa lo que haga, pues le da la garantía de que siempre estará ahí.

La historia afectiva de estas personas está, regularmente, marcada por historias de infidelidades, despechos, rechazos, pérdidas o renuncias amorosas que no han podido ser procesadas adecuadamente.

El amor está hecho a la medida del que ama. El amor es lo que somos, tratemos de encontrar nuestra libertad, aquella que nos alejará de todo apego afectivo.