Existen diferentes definiciones para describir la envidia. Podríamos decir, por ejemplo, que la envidia es la tristeza por el bien ajeno, un sentimiento desagradable que se produce al percibir en otro algo que se desea para sí, pero que hemos sido incapaces de lograr.

También se podría decir que es un sentimiento de desplacer, de disgusto, por la alegría de otro. El amargado no disfruta la alegría y satisfacción del otro, porque en el fondo envidia este estado de bienestar del que él es incapaz.

uyfsd envidia Susana Wise

Este es un sentimiento en donde se mezclan emociones contradictorias.

Existe la envidia sana y la envidia como problema emocional. La primera es una especie de admiración, y casi siempre se da en relaciones desiguales, con personas cuyas cualidades no representan una amenaza para la propia valoración. Esta se convierte en motivación para alcanzar lo que se desea, y no origina hostilidad.

La segunda es un sentimiento destructivo que dificulta la comprensión y aceptación de la situación que produce envidia. No se admite que se siente envidia, se enmascara con otros calificativos.

Cuando la envidia es muy intensa, sus consecuencias pueden llegar a generalizarse al resto de relaciones en todos los ámbitos, e incluso existe el deseo de destrucción del envidiado; deseo que se manifiesta a través de críticas para devaluar a quien se envidia. El envidioso no desaprovecha la ocasión para emprender la casería contra quien él considera superior (aunque no lo admita). Se envidia lo que no se tiene, a quien  ha realizado los deseos que uno no ha logrado realizar. Lo que la persona siente amenazado es su propio yo, su identidad. Estrechamente relacionado a este sentimiento tenemos “los celos”.

Los celos implican que existe un riesgo, una amenaza de perder un vínculo afectivo que el celoso había establecido o imaginado con una tercera persona. Siempre hay una tercera persona implicada, con la que el celoso tiene o desea tener un vínculo exclusivo que no acepta compartir con otro. Podríamos decir que los celos son un tipo especial de envidia. Por ejemplo, la envidia que un adulto siente de los éxitos de otro, puede ser también considerada como celos por la aceptación que el envidiado suscita en los demás.

El medio ambiente puede aumentar o disminuir la frecuencia e intensidad de este malestar. Es más probable detectársele en los contextos en que el individuo se relaciona con iguales, como sucede en el aula tradicional, así como en el ambiente profesional.

Muchos de nosotros hemos saboreado el amargo sabor que nos dejan estos francotiradores, quienes sumergidos en el fango y la mediocridad utilizan sus armas para invadir, atacar y menoscabar la integridad de otros.

El que participa en este juego, lo hace por un inequívoco interés personal. Incapaz de aprovechar plenamente sus posibilidades, y dado que en el fondo es un derrotista y siente pena por sí mismo, porque es incapaz de estar a la altura de su propio ideal, opta por elevar su propia autoestima a base de rebajar la estima de los demás. Es mucho más fácil echar abajo a los demás que levantarse uno mismo a base de logros objetivos. Pero dado que “superioridad” e “inferioridad” son términos relativos, parece como si el rebajar a los demás significara automáticamente elevarse uno mismo. ¡Craso error!.

El envidioso suele ser una persona resentida, el típico “perdedor”. Le ofenden el éxito y la felicidad de los demás, porque su propia vida, en comparación con la de ellos, es sumamente desdichada. Siente que de algún modo ha sido desposeído, y este autoconcepto lo lleva a sumergirse cada vez más en el lodo y a regar veneno por doquier.

Para superar la envidia es muy importante comprender lo que se está sintiendo y por qué, así como tratar de activar el valor de la empatía, poniéndose en el lugar del  otro, comparando el propio punto de vista con el de la otra persona.

La calidad de la vida adulta depende básicamente del desarrollo alcanzado por el individuo en el amor y en el trabajo.

Cuando sepas con exactitud quién y qué eres, y te aceptes con todos tus defectos y cualidades, entonces no tendrás que gastar tiempo y energía tratando de ser distinto, ni tratando de proyectar en otros tus propias debilidades y limitaciones.

Acepta tus defectos y ahonda en tus virtudes. Ama todo lo que constituye tu propia persona. Cuando logres arrancar de ti ese monstruo que te tiene atrapado/a, serás PLENAMENTE HUMANO.