Muchas mujeres cometen el fatídico error de agobiar a su pareja a tal punto que ejercen el efecto contrario a lo que quieren conseguir.

¡Es que no funciona!

agobio

Eso lo vivo en la terapia marital repetidamente; mujeres desesperadas porque el hombre se le ha ido, o se muestra indiferente, o vive más en la calle que en la casa, o ya no le importa nada, o simplemente se desenamoró. En ese momento la intención es recuperar el terreno perdido, pero dicho objetivo se ve obstaculizado por las trampas que se pone ella misma.

Si un hombre tiene sus propias ideas acerca de lo que significa el compromiso, el que nosotras le agobiemos con nuestras continuas exigencias de que nos demuestre que no nos dejará, sólo puede hacer que se sienta coaccionado y sometido a mucha presión. Una actitud así, además, nos muestra emocionalmente deseosas, inseguras, lo cual le hará sentirse con la eterna obligación de asegurar y demostrar el amor que tanto ansiamos, lo que no deja de ser un arduo trabajo para cualquiera, y sobre todo para un hombre, y entonces se activa su mecanismo de acción: LA HUIDA.

Una mujer desesperada no da ninguna oportunidad al hombre que ama para echarla de menos. Está tan al alcance de la mano que él no tiene motivos para suspirar por ella o fantasear acerca de su deseo por ella, lo cual, desafortunadamente, es en lo que suele consistir el enamoramiento.

Aferrarse desesperadamente a un hombre puede llevarnos a un círculo vicioso. Cuanto más se distancia él, más nos aferramos nosotras, y cuanto más lejos, más desesperada es nuestra dependencia.

Muchas me dicen: Pero qué puedo hacer? Pues lo primero es darse permiso para experimentar conscientemente la tensión y nuestros propios sentimientos, y soportarlos hasta que desaparezcan. Y ten por seguro que desaparecerán; los sentimientos son algo temporal. Esto requiere una gran dosis de disciplina y trabajo personal; si no lo puedes hacer por sí sola busca ayuda, pero trabaja con lo que llamamos contención emocional.