A veces nos olvidamos de vivir, nos olvidamos que somos seres privilegiados, hijos de Dios. A veces nos olvidamos de reír, de dar gracias, de apreciar la naturaleza, de abrazar, de besar, de dar muestras de cariños, de sentir el aire puro, de caminar libremente, de desintoxicarnos de tanto material tóxico, de amar, de hacer el amor, de bailar, en fin… de tantas cosas.

vivir

Y sin darnos cuenta nos volvemos seres mecánicos, insatisfechos, crueles, insensibles, materialistas, superficiales, incrédulos, paranoicos, tristes, desesperanzados, analfabetos emocionales, suspicaces, dañinos y tantos calificativos más.

Decía Ralph Waldo Emerson: “Tener éxito es: Reir y amar mucho. Ganar el respeto de las personas inteligentes y el afecto de los niños. Ganar la aprobación de los críticos  honestos y sobrepasar la traición de los enemigos falsos. Apreciar la belleza; encontrar lo mejor en los demás. Entregarse; dejar el mundo en un lugar mejor, ya sea por medio de un niño saludable, un jardín o una condición social redimida. Haber jugado y reído con entusiasmo, y haber cantado con exaltación. Saber que una vida ha respirado más fácilmente porque tú viviste. Esto es haber tenido éxito”.

Es una cita preciosa y verdadera. Nada más cercano a vivir que haber logrado el éxito, pero no el simple éxito que se mide a través de lo material sino a través de pequeñas grandiosas cosas. Simples detalles que hacen la diferencia.

Y es que a veces nos olvidamos de vivir…

“Primero me moría por terminar el bachillerato para empezar la universidad. Y luego me moría por terminar la universidad y empezar a trabajar. Y luego me moría por casarme y tener niños. Y luego me moría para que mis niños crecieran y fueran a la escuela para no volver a trabajar. Y luego me moría por retirarme. Y ahora, me estoy muriendo… y de repente me doy cuenta que me olvidé de vivir”. Anónimo.